Tiene que haber una sola lista de la izquierda real. Si no, dará igual que
la culpa sea de uno o de otros. Será de todos



Juan Manuel Aragüés Estragués*

El Periódico de Aragón

23/01/2014

Hacía semanas que había decidido escribir un artículo sobre la izquierda y
las elecciones europeas. La óptica del mismo debía ser la que viene presidiendo
mi planteamiento político en las páginas de El Periódico desde hace más de tres
años: la necesidad de una convergencia entre la izquierda real que, en este
caso, desembocara en un única candidatura en todo el país. Entendía, y sigo
entendiendo, que las especiales características de las europeas las convertían
en un laboratorio ideal en el ámbito electoral de lo que se reclama desde una
parte de la sociedad: la unidad de la izquierda real para hacer frente a los que
nos roban y maltratan.

Sin embargo, el anuncio hace escasas fechas de Pablo Iglesias Turrión, estrella mediática de esa izquierda real, de que iba a
presentarse a las mismas, suponía un cambio de escenario. No, desde luego, en
cuanto al objetivo, que sigue siendo el mismo, una única candidatura, pero sí en
cuanto a cómo llegar a él. Antes de la iniciática de Pablo Iglesias iba a
escribir intentando espolear a IU para que se creyera de verdad esa política de
convergencia de la que hablan sus papeles y, de ese modo, encabezara, de manera
generosa y decidida, un proceso de construcción de un bloque electoral unitario.
Tras la iniciativa de Pablo Iglesias, que se da a conocer como Podemos, escribo
desde un sentimiento de inquietud esperanzada. Inquietud porque la inesperada
iniciativa de Podemos puede generar enroques en IU y otras organizaciones, ante
la aparición de lo que pueden entender como un competidor. Esperanza porque
quizá la iniciativa de Podemos pueda servir de catalizador para desbloquear las
inercias que se observan en los partidos tradicionales, atentos a sus debates
internos y cuotas de poder. En el peor de los casos, podríamos encontrarnos con
el enfrentamiento entre estructuras partidarias tradicionales poco dispuestas a
atender cualquier dinámica externa y una apuesta personalista. En el mejor, con
un revulsivo que encauce el proceso hacia esa unidad que muchísimos
anhelamos.

Porque si hace dos años, aquí en Aragón, algunos nos dirigimos a CHA e IU
para pedirles que hicieran el favor de ponerse de acuerdo, dos años después lo
que decimos es que estamos hasta las narices de avanzar tan despacio, caso de
que se avance. Que es impresentable que mientras el capital hace frente común
para expoliarnos, para echarnos de nuestras casas, para alimentar a sus
tiburones, para violentar nuestros cuerpos, para esclavizarnos laboralmente,
nosotros y nosotras sigamos viéndolas venir y decidiendo si es menganita o
zutanito el que debe encabezar una lista, cuántos coloca en la lista tal o cual
tendencia, o subrayando nuestras esencias frente a otros. Ya estamos hartos. Nos
da igual el nombre, nos dan igual las siglas, nos da igual quién encabece: lo
que queremos es una opción política en la que nos reconozcamos como mayoría
social y que nos permita derrotar a esta élite mafiosa que nos dirige. Porque si
no lo hacemos pronto, acabarán con nosotros.

Estamos en una coyuntura histórica. No hago retórica. Nos estamos jugando el
futuro, el nuestro y el de nuestros hijos e hijas. ¿Acaso queremos legarles la
sociedad de esclavitud, miseria y opresión que diseña el capital? Pues si no lo
queremos, manos a la obra. Y eso pasa por buscar denodadamente el encuentro. Y
por olvidarnos de gilipolleces. Para las elecciones europeas, tiene que haber
una sola lista de la izquierda real. Si no la hay, me dará igual que la culpa
sea de uno o de otros. La culpa será de todos. Y será un verdadero desastre.
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/imprimir.php?id=914993

Juan Manuel Aragüés Estragués es profesor de Filosofía en la Universidad de Zaragoza. Fue secretario general del Partido Comunista de Aragón entre 1993 y 1999. Actualmente coordina las Mesas de Convergencia de Aragón.

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